
Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Y, paradójicamente, nunca había sido tan complicado saber qué es verdad, qué es interpretación, qué es propaganda y qué está diseñado simplemente para captar nuestra atención. «La sociedad distraída»
La desinformación y polarización forman ya parte del paisaje cotidiano. Noticias, videos, opiniones, titulares, imágenes generadas por inteligencia artificial, discursos políticos, influencers y algoritmos compiten constantemente por unos segundos de nuestra atención.
El problema no es únicamente que exista información falsa. Siempre ha existido.
La diferencia es la velocidad, escala y capacidad de personalización con la que hoy puede distribuirse.
El Digital News Report 2026 del Reuters Institute muestra hasta qué punto ha crecido esta incertidumbre: el 62 % de los encuestados a nivel mundial dice estar preocupado por distinguir lo verdadero de lo falso en Internet. Al mismo tiempo, la confianza general en las noticias cayó al 37 %, el nivel más bajo registrado por el estudio desde que comenzó a medirla.

Estamos más conectados que nunca, pero estar conectados no necesariamente significa estar mejor informados.
Una sociedad saturada de información
Cuando escribí originalmente este artículo en 2023, una de mis preocupaciones principales era la enorme cantidad de información que recibíamos diariamente. Tres años después, el problema no ha disminuido, ha aumentado.
Las redes sociales y las plataformas de video tienen un papel cada vez mayor en la manera en que las personas descubren noticias. Esto ha democratizado la información de muchas maneras: hoy prácticamente cualquiera puede documentar un acontecimiento, expresar una opinión o cuestionar a una institución. Eso tiene un enorme valor.
Pero también ha creado un ecosistema donde una investigación periodística, una opinión personal, propaganda política, publicidad encubierta y un video manipulado pueden aparecer uno detrás del otro en la misma pantalla.
El usuario tiene que decidir, muchas veces en segundos, qué creer. Y ahí comienza el problema.
La economía de la atención
Las plataformas digitales no necesariamente necesitan convencernos de una ideología. Necesitan algo mucho más sencillo: que sigamos mirando.
Cada minuto que permanecemos dentro de una plataforma genera datos sobre nosotros: qué miramos, qué ignoramos, dónde hacemos clic, qué compartimos, qué nos indigna y qué consigue mantener nuestra atención.
Esos datos permiten construir sistemas cada vez mejores para predecir nuestro comportamiento y seleccionar lo que veremos después. No hace falta imaginar una organización secreta dirigiendo el proceso. Existen incentivos económicos perfectamente visibles.
Si el modelo de negocio depende de mantener nuestra atención, el sistema tenderá a favorecer aquello que consiga mantenernos conectados. Y el conflicto funciona extraordinariamente bien para eso.
Desinformación y polarización: cuando el conflicto genera participación
Una investigación publicada en 2026 en el Journal of Public Economics estudió precisamente la relación entre algoritmos de recomendación, interacción, desinformación y polarización. Su conclusión resulta inquietante.
Cuando los sistemas de recomendación dan mayor importancia a señales de participación como compartir, reaccionar o comentar, pueden terminar amplificando contenidos más extremos, polarizantes o engañosos porque estos generan mayor interacción.
Esto no significa necesariamente que exista alguien dentro de una plataforma diciendo: “Vamos a dividir a la sociedad”.
El mecanismo puede ser mucho más sencillo.
La indignación produce interacción.
La interacción produce visibilidad.
La visibilidad produce más interacción.
Y así se crea un círculo que puede terminar haciendo que los extremos parezcan representar a toda la sociedad cuando muchas veces no es así. El resultado es una conversación pública donde parece que todo debe dividirse en dos bandos.
Izquierda contra derecha.
Ricos contra pobres.
Hombres contra mujeres.
Una generación contra otra, etc etc etc
Estar en desacuerdo es normal en cualquier sociedad democrática. El problema comienza cuando dejamos de intentar comprender al otro y empezamos simplemente a reaccionar.
La Sociedad Distraída, el problema no es pensar diferente
Una de las cosas que debemos aprender es a distinguir entre estar en desacuerdo y estar desinformados. No toda información con la que no estamos de acuerdo es falsa. Y tampoco toda información que confirma nuestras ideas es verdadera.
Nuestro propio cerebro busca información que confirme lo que ya creemos. Las plataformas pueden reforzar esa tendencia mostrándonos contenido parecido a aquello con lo que hemos interactuado anteriormente.
Poco a poco podemos terminar viviendo dentro de una realidad personalizada. Dos personas pueden observar el mismo acontecimiento y recibir durante semanas versiones completamente distintas de él.
Por eso el pensamiento crítico no consiste en desconfiar de todo. Consiste en aprender a preguntar:
¿Quién afirma esto?
¿Cuál es la fuente original?
¿Qué evidencia presenta?
¿Existe otra interpretación?
¿Estoy creyéndolo porque existen pruebas o porque confirma algo que ya quería creer?
El ejemplo de los “950 dólares” en California. Algo que se ha repetido durante años en redes sociales: era o es que en California una persona podía robar hasta 950 dólares y “nadie podía hacerle nada”.
Ese planteamiento no era correcto del todo, existe una distorsión, precisamente por la falta de investigación, o interés en saber la verdad, o simplemente solo buscar mas vistas. La Proposición 47 de California estableció que determinados robos de bienes cuyo valor no excediera los 950 dólares generalmente fueran considerados petty theft, es decir, un delito menor. Pero delito menor no significa que robar sea legal ni que no exista castigo.
La legislación de California contempla multas y posibles penas de cárcel para determinados delitos menores. Posteriormente, los votantes aprobaron en 2024 la Proposición 36, que endureció nuevamente algunas consecuencias para personas con antecedentes de determinados delitos de robo.
Este ejemplo es importante precisamente por lo que demuestra. Una política pública complicada puede convertirse en una frase viral de diez palabras. La frase genera indignación. Se comparte miles de veces. Y eventualmente mucha gente termina recordando la frase, pero no la legislación que supuestamente describía.
Eso es exactamente lo que debemos combatir cuando hablamos de desinformación y polarización.
El teléfono como extensión de nosotros mismos
Existe otro cambio profundo que apenas estamos comenzando a comprender.
El teléfono móvil se ha convertido prácticamente en una extensión de nuestro cuerpo. Trabajamos con él, compramos con él, nos orientamos con él, hablamos con nuestros familiares, consumimos noticias, escuchamos música, vemos entretenimiento y muchas cosas mas. Pagamos, aprendemos. Y cada vez más utilizamos inteligencia artificial desde él.
La tecnología en sí no es el enemigo. Sería absurdo negar todos los beneficios que nos proporciona.
Durante años, por mis actividades diarias, he tenido oportunidad de conversar con jóvenes universitarios y conocer algunas de sus preocupaciones y expectativas.
He encontrado jóvenes extraordinariamente preparados y conscientes, pero también he observado en otros dificultad para imaginar objetivos a largo plazo y una relación extremadamente intensa con el teléfono y las redes sociales, y lo mas preocupante, totalmente dependientes del dispositivo.
No creo que podamos concluir a partir de esas conversaciones que una generación haya perdido la capacidad de pensar. Pero sí creo que debemos preguntarnos seriamente qué efecto puede tener crecer dentro de un sistema que compite permanentemente por nuestra atención, y los efectos que tendrá a largo plazo y en las siguientes generaciones el volverse tan dependiente de la tecnología y «ya no tener que pensar por que hay algo que nos da todas las soluciones»
Incluso las autoridades sanitarias estadounidenses han advertido que todavía no existe evidencia suficiente para concluir que las redes sociales sean suficientemente seguras para niños y adolescentes y han pedido estudiar mejor sus efectos.
Cuando dejamos de buscar información
Existe otra paradoja. Tenemos más información disponible, pero una parte creciente de la población comienza simplemente a evitarla.
Según el Reuters Institute, alrededor del 42 % de las personas encuestadas en 2026 dijo evitar las noticias algunas veces o con frecuencia. En 2017 esa cifra era del 29 %. Es comprensible. Guerras, elecciones, crisis económicas, cambio climático, delincuencia, migración, conflictos sociales, escándalos, etc.
Después de cierto punto, mantenerse informado puede convertirse emocionalmente en agotamiento.
Pero una sociedad agotada también puede convertirse en una sociedad menos vigilante.
Y ahí aparece una pregunta que considero fundamental:
El dinero también se está transformando
Los pagos digitales continúan creciendo y numerosos bancos centrales están investigando monedas digitales emitidas por bancos centrales, conocidas como CBDC.
Una encuesta publicada por el Banco de Pagos Internacionales encontró que 85 de 93 bancos centrales encuestados —el 91 %— estaban explorando alguna modalidad de CBDC en 2024.
Eso merece atención. Una moneda digital podría ofrecer ventajas importantes: pagos rápidos, menores costos y nuevas formas de inclusión financiera.
Pero también abre preguntas legítimas sobre privacidad, ciberseguridad, acceso, diseño institucional y el grado de información que podría existir sobre nuestras transacciones.
Preguntar por esos riesgos no es conspiracionismo.
Pero tampoco sería correcto afirmar que existe un plan mundial probado para eliminar el efectivo y controlar cada compra de cada ciudadano. Aunque la duda existe.
En Estados Unidos, por ejemplo, la Reserva Federal señala explícitamente que no ha decidido emitir una CBDC y que su sistema FedNow es un servicio de pagos instantáneos, no una moneda digital ni un mecanismo para eliminar el efectivo.
La posición crítica más sólida está entre ambos extremos:
no aceptar ciegamente una tecnología, pero tampoco inventar conclusiones que la evidencia todavía no permite sostener.
¿Existe realmente alguien controlándolo todo?
Probablemente ésta sea una de las preguntas más interesantes.
Cuando observamos concentración económica, gigantes tecnológicos, gobiernos, bancos, algoritmos, grupos de presión y enormes corporaciones, resulta tentador imaginar una estructura central donde alguien decide todo.
Pero quizá la realidad sea simultáneamente menos cinematográfica y más preocupante.
No necesitamos un grupo secreto controlando cada acontecimiento para obtener resultados perjudiciales. Basta con sistemas cuyos incentivos estén mal alineados.
Una empresa quiere maximizar beneficios. Una plataforma quiere aumentar participación. Un político quiere ganar elecciones. Un medio quiere audiencia. Un anunciante quiere vender. Un algoritmo quiere maximizar aquello para lo que fue programado.
Cada actor puede perseguir su propio objetivo sin que exista coordinación entre todos.
Y aun así, el resultado colectivo puede ser una sociedad más consumista, más vigilada, más polarizada y más distraída.
El sistema puede producir determinados resultados sin que nadie controle completamente el sistema.
Para mí, ésa es una posibilidad mucho más interesante que cualquier teoría simple de conspiración.
Recuperar nuestra atención
La batalla más importante de los próximos años quizá no sea tecnológica. Puede ser una batalla por nuestra capacidad de decidir a qué prestamos atención.
No podemos investigar cada noticia, no podemos comprobar absolutamente todo, pero podemos construir algunos hábitos:
Consultar más de una fuente, buscar documentos originales cuando una afirmación sea importante, distinguir noticias de opiniones, leer más allá del titular, desconfiar especialmente de aquello que provoca una reacción emocional instantánea, reconocer nuestros propios prejuicios, cambiar de opinión cuando aparecen mejores evidencias.
Leer mucho. Y, sobre todo, recuperar momentos en los que no exista una pantalla diciéndonos qué mirar después.
Observa, pero también verifica, analiza.
Cuestiona las redes sociales, cuestiona incluso aquello que lees aquí. Porque el pensamiento crítico no consiste en creer lo contrario de lo que nos dicen.
Ahora sabes que la desinformación y polarización prosperan cuando dejamos de hacerlo. «Cuando dejamos de pensar».
Quizá la verdadera forma de control en nuestra época no sea obligarnos a pensar de determinada manera.
Tal vez sea mucho más sencilla: mantener nuestra atención tan ocupada que ya no tengamos tiempo para pensar por nosotros mismos. Y contra eso existe todavía una herramienta extraordinariamente poderosa.
«Nuestra capacidad de detenernos, observar, investigar y preguntar: ¿Esto es realmente cierto?«
Fuentes de referencia
Reuters Institute for the Study of Journalism — Digital News Report 2026.
California Legislative Information — Penal Code §§ 490 y 490.2.
California Secretary of State / Legislative Analyst’s Office — Proposition 36.
Bank for International Settlements — encuesta 2024 sobre CBDC y criptoactivos, publicada en 2025.
Federal Reserve — información oficial sobre CBDC y FedNow.
U.S. Surgeon General / HHS — Social Media and Youth Mental Health.
Journal of Public Economics — investigación de 2026 sobre algoritmos de recomendación, desinformación y polarización.
